jueves, 16 de abril de 2015

Amor

Tu nombre está a salvo en mi boca; yo estoy a salvo en tu mirada. ¿Quién querría abandonar estos refugios?
Huíamos del miedo, y mira ahora...

domingo, 5 de abril de 2015

Click-clack


Que todo fuera tan sencillo como cerrar las cosas con un sólo gesto, como poner el punto final de esta frase. Salto de línea después, despreocupándonos y sin tomarnos muy en serio a nosotros mismos ni a la constelación de neuras que nos circunda. Chasquear los dedos y que suceda la magia, borrando interrogantes y dudas existenciales. Con un lento deslizar, una cabeza directa hacia la otra hasta que ambas colisionen y se enreden sin más remedio que el de seguir avanzando con la esperanza de que pronto el contacto no resulte tan abrasivo, tan doloroso como se presume que será la separación futura el día en que nuestras órbitas diverjan de nuevo.

Porque siempre se sucederán las mareas, el acercarse para después alejarse, ese ir y venir, el abrir y cerrar de este monedero de abuela que parece ser la vida.
A pesar de estas certezas, quisiera, aunque fuera tan sólo por un día, un beso que cierre todas las puertas, uno capaz de bloquear el discurrir de las cosas y que se atreva a detener los relojes de péndulo.
Un beso, sólo uno: eterno, irreversible, definitivo.
Las cosas sencillas, esas que se pueden cerrar con un 'click-clack', haciendo que todo sea tan fácil como eso, como que se obre un milagro con un sencillo chasquear de los dedos.



jueves, 2 de abril de 2015

Luz

Yo sé que la noche hoy envidia mi luz...

miércoles, 1 de abril de 2015

Parásitos mentales

Atesoras a los pies de la cama una caja llena de corazas, de escudos y mentiras protectoras que te vinieron bien en otro tiempo; ahora te das cuenta de que no sirven para nada, de que los peores ataques se llevan a cabo desde dentro. Agresiones que salen de tu inseguridad, de los millones de excusas para no intentarlo, de esos autoengaños que te nublan la vista y de esa vocecilla que te susurra que no sirves para nada largo o duradero, tan sólo para aplazar aquello que pide a gritos que pongas en orden. 
Te haces la fuerte, la lista, incluso la insolente; todo lo que no eres pero que desearías llegar a ser. Son papeles que no llegas a creerte por más que los interiorices mediante hipnosis regresivas o por método Stanislavski. Interpretaciones magistrales, mentiras, charadas, cuentos. Sólo eso. 
Si cierras los ojos todavía tienes siete años, figuras como la lista y la guapa de la clase, la niña rodeada de amigos que la admiran, la líder que despierta envidia y atracción; la muñeca que se fue rompiendo a sí misma con el paso de los años, aplastada por el peso de miradas asombradas. Una cría con ganas de agradar aún a costa de perder su identidad. Odiosa, abnegada, inconformista, niña que hoy ves en viejas fotografías y a la que te entran ganas de zarandear para que espabile de una puta vez; ganas de decirle que la vida está pasando por su lado mientras ella no hace más que desaprovecharla, preocupada sólo por lo que los demás estén pensando. 
Te condenas al fracaso porque es allí donde te sientes segura, en ese mar en calma que no lleva a ningún lado. Apuestas por los perdedores, por seres incompletos, dañados e inmaduros; personas que te hagan sentir como una Teresa de Calcuta capaz de curar sus llagas. Deseas ayudar para no tener que ocuparte de ti misma, inviertes tu tiempo en cuidados paliativos para almas ajenas, en rehabilitaciones emocionales de casi desconocidos y en relaciones de paso que no dejen margen para la construcción de algo en lo que verte involucrada o enjaulada de por vida.
El pánico te aguarda en el triunfo, en los semáforos en verde que te obligan a avanzar por calles inseguras y a pasearte por terrenos de arenas movedizas. Te paraliza el miedo a que te den un 'sí', a ser aceptada, seleccionada y amada por tiempo indefinido. Te invade la ansiedad ante una escena de salón con película de vídeo en que la cercanía sea usada como una manta compartida en el sofá, y te asusta el hecho de pensar en cualquier cosa que suponga la pérdida de tu control y te haga desnudarte en cuerpo y mente.
Por eso te haces abogada de causas pobres y dibujas en las paredes amores improbables con hombres que nunca se comprometerán por más que lo deseen. Con ellos apuestas sobre seguro al caballo perdedor, sin correr el riesgo de encontrarte aterrada y vulnerable ante una verdadera relación.