jueves, 13 de abril de 2017

BUCLE


Si soy consecuente, no puedo argumentar que mi marido era un pedante y un desconsiderado, ni que su status y su dinero no influyeron en ese amor a segunda o tercera vista, meditado y alevoso, que nos mantuvo unidos durante todo este tiempo. Recuerdo su cara de postal de aniversario, sonriente, los dientes tan blancos, tan perfectos, mientras observaba cómo yo me dirigía hacia él, mi vestido tan blanco, él, sólo la meta, decorada por un altar con flores, biblia, cáliz y exceso de plenitud impostada
Los mejores deseos estampados con rúbricas solemnes en el libro de felicitaciones, “Que el amor os guíe en este largo viaje”, “Que ante la adversidad, os améis como lo hacéis ahora”, y tantos otros tópicos acordes a nuestro matrimonio, y sí, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre, y él tan sonriente, y mi vestido tan blanco.
Comprendí que si quería “ser feliz en ese largo viaje, y permanecer con él frente a la adversidad”, necesitaba un amante, así que tuve varios mientras duró aquella farsa. Me gustaba creer que él también tenía a unas cuantas mujeres en su agenda, no para justificar mis infidelidades, sino porque un matrimonio como el nuestro no podía funcionar de otra manera.
Como soy consecuente, ya habréis adivinado cómo eran nuestros días, nuestras noches, nuestros polvos y los lodos posteriores, y cómo no, mi rostro afligido el día de su entierro, mi vestido tan negro, de nuevo en la meta, presidida por un féretro con flores, biblia, cáliz y exceso de vacío impostado.
Las palabras de consuelo estampadas con rúbricas solemnes en el libro de condolencias, porque sólo Dios pudo separar lo que había unido el hombre, y él tan muerto, y mi vestido tan negro.

Los resultados de la autopsia me llevaron hasta un juez también pedante y desconsiderado, pero también consecuente con sus debilidades, así que su avaricia me absolvió. Nos casamos civilmente pocos meses después, para que Dios no tuviera que intervenir si algo nos separaba. Supe enseguida que tenía varias amantes, como correspondía a un matrimonio como el nuestro, igual que tuve claro que nunca sería él quien me sirviera el vino ni cualquier otra bebida. 

jueves, 16 de abril de 2015

Amor

Tu nombre está a salvo en mi boca; yo estoy a salvo en tu mirada. ¿Quién querría abandonar estos refugios?
Huíamos del miedo, y mira ahora...

domingo, 5 de abril de 2015

Click-clack


Que todo fuera tan sencillo como cerrar las cosas con un sólo gesto, como poner el punto final de esta frase. Salto de línea después, despreocupándonos y sin tomarnos muy en serio a nosotros mismos ni a la constelación de neuras que nos circunda. Chasquear los dedos y que suceda la magia, borrando interrogantes y dudas existenciales. Con un lento deslizar, una cabeza directa hacia la otra hasta que ambas colisionen y se enreden sin más remedio que el de seguir avanzando con la esperanza de que pronto el contacto no resulte tan abrasivo, tan doloroso como se presume que será la separación futura el día en que nuestras órbitas diverjan de nuevo.

Porque siempre se sucederán las mareas, el acercarse para después alejarse, ese ir y venir, el abrir y cerrar de este monedero de abuela que parece ser la vida.
A pesar de estas certezas, quisiera, aunque fuera tan sólo por un día, un beso que cierre todas las puertas, uno capaz de bloquear el discurrir de las cosas y que se atreva a detener los relojes de péndulo.
Un beso, sólo uno: eterno, irreversible, definitivo.
Las cosas sencillas, esas que se pueden cerrar con un 'click-clack', haciendo que todo sea tan fácil como eso, como que se obre un milagro con un sencillo chasquear de los dedos.



jueves, 2 de abril de 2015

Luz

Yo sé que la noche hoy envidia mi luz...