martes, 25 de julio de 2017

La ofrenda

El mar es una ballena que se lo traga todo. 
Su oleaje, la ciclotimia de sus mareas, la sal que irrita los ojos, el hombre que, desde una roca apartada, observa a una niña, mientras con una mano juega dentro de su ceñido bañador, ajeno al vaivén de las gaviotas. 
El mar es dolor. Lo sueño como una inmensa vasija de semen capaz de preñar hasta el útero más inocente.
Conocí a un hombre que estaba sentado en una roca, vertiendo sus fluidos en el agua. Quiso volar conmigo una cometa; jugamos hasta que esta se desprendió del hilo, y entonces él se entretuvo con mi pelo.
Pasado un tiempo, dibujé aquella tarde de juegos en un papel, y la pinté por encima con acuarela blanca para que permaneciera oculta.
El mar sigue doliendo.
Hoy, deseando que lo devore, le he ofrecido mi dibujo a la ballena.

#UnMarDeHistorias

domingo, 21 de mayo de 2017

<<¿De dónde esta manía de ser pájaro?>>

"Vuela el poema como lo hace el pájaro hacia su incierto destino en los silabarios y los pentagramas de un ya no cautivo universo. Se libera en voz la energía mística del lenguaje, reaparece en otro universo, acaso paralelo, al de las significaciones previstas. De tal obrar viene este libro, sin servidumbres a la obediencia retórica, de Cristina Requejo; poemas hechos con la materia del sueño, con las sustancias verbales de la indagación crítica, poemas en los que rebrota el tiempo del amor y el desafiante injerto de la memoria. La memoria como una forma extrema del amor, la memoria como un desafiante acto de dignidad ante la cobardía histórica del olvido"
                                                                                                      Juan Carlos Mestre

                                                                                                                               

jueves, 16 de abril de 2015

Amor

Tu nombre está a salvo en mi boca; yo estoy a salvo en tu mirada. ¿Quién querría abandonar estos refugios?
Huíamos del miedo, y mira ahora...

domingo, 5 de abril de 2015

Click-clack


Que todo fuera tan sencillo como cerrar las cosas con un sólo gesto, como poner el punto final de esta frase. Salto de línea después, despreocupándonos y sin tomarnos muy en serio a nosotros mismos ni a la constelación de neuras que nos circunda. Chasquear los dedos y que suceda la magia, borrando interrogantes y dudas existenciales. Con un lento deslizar, una cabeza directa hacia la otra hasta que ambas colisionen y se enreden sin más remedio que el de seguir avanzando con la esperanza de que pronto el contacto no resulte tan abrasivo, tan doloroso como se presume que será la separación futura el día en que nuestras órbitas diverjan de nuevo.

Porque siempre se sucederán las mareas, el acercarse para después alejarse, ese ir y venir, el abrir y cerrar de este monedero de abuela que parece ser la vida.
A pesar de estas certezas, quisiera, aunque fuera tan sólo por un día, un beso que cierre todas las puertas, uno capaz de bloquear el discurrir de las cosas y que se atreva a detener los relojes de péndulo.
Un beso, sólo uno: eterno, irreversible, definitivo.
Las cosas sencillas, esas que se pueden cerrar con un 'click-clack', haciendo que todo sea tan fácil como eso, como que se obre un milagro con un sencillo chasquear de los dedos.