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jueves, 16 de abril de 2015

Amor

Tu nombre está a salvo en mi boca; yo estoy a salvo en tu mirada. ¿Quién querría abandonar estos refugios?
Huíamos del miedo, y mira ahora...

domingo, 5 de abril de 2015

Click-clack


Que todo fuera tan sencillo como cerrar las cosas con un sólo gesto, como poner el punto final de esta frase. Salto de línea después, despreocupándonos y sin tomarnos muy en serio a nosotros mismos ni a la constelación de neuras que nos circunda. Chasquear los dedos y que suceda la magia, borrando interrogantes y dudas existenciales. Con un lento deslizar, una cabeza directa hacia la otra hasta que ambas colisionen y se enreden sin más remedio que el de seguir avanzando con la esperanza de que pronto el contacto no resulte tan abrasivo, tan doloroso como se presume que será la separación futura el día en que nuestras órbitas diverjan de nuevo.

Porque siempre se sucederán las mareas, el acercarse para después alejarse, ese ir y venir, el abrir y cerrar de este monedero de abuela que parece ser la vida.
A pesar de estas certezas, quisiera, aunque fuera tan sólo por un día, un beso que cierre todas las puertas, uno capaz de bloquear el discurrir de las cosas y que se atreva a detener los relojes de péndulo.
Un beso, sólo uno: eterno, irreversible, definitivo.
Las cosas sencillas, esas que se pueden cerrar con un 'click-clack', haciendo que todo sea tan fácil como eso, como que se obre un milagro con un sencillo chasquear de los dedos.



jueves, 2 de abril de 2015

Luz

Yo sé que la noche hoy envidia mi luz...

miércoles, 1 de abril de 2015

Parásitos mentales

Atesoras a los pies de la cama una caja llena de corazas, de escudos y mentiras protectoras que te vinieron bien en otro tiempo; ahora te das cuenta de que no sirven para nada, de que los peores ataques se llevan a cabo desde dentro. Agresiones que salen de tu inseguridad, de los millones de excusas para no intentarlo, de esos autoengaños que te nublan la vista y de esa vocecilla que te susurra que no sirves para nada largo o duradero, tan sólo para aplazar aquello que pide a gritos que pongas en orden. 
Te haces la fuerte, la lista, incluso la insolente; todo lo que no eres pero que desearías llegar a ser. Son papeles que no llegas a creerte por más que los interiorices mediante hipnosis regresivas o por método Stanislavski. Interpretaciones magistrales, mentiras, charadas, cuentos. Sólo eso. 
Si cierras los ojos todavía tienes siete años, figuras como la lista y la guapa de la clase, la niña rodeada de amigos que la admiran, la líder que despierta envidia y atracción; la muñeca que se fue rompiendo a sí misma con el paso de los años, aplastada por el peso de miradas asombradas. Una cría con ganas de agradar aún a costa de perder su identidad. Odiosa, abnegada, inconformista, niña que hoy ves en viejas fotografías y a la que te entran ganas de zarandear para que espabile de una puta vez; ganas de decirle que la vida está pasando por su lado mientras ella no hace más que desaprovecharla, preocupada sólo por lo que los demás estén pensando. 
Te condenas al fracaso porque es allí donde te sientes segura, en ese mar en calma que no lleva a ningún lado. Apuestas por los perdedores, por seres incompletos, dañados e inmaduros; personas que te hagan sentir como una Teresa de Calcuta capaz de curar sus llagas. Deseas ayudar para no tener que ocuparte de ti misma, inviertes tu tiempo en cuidados paliativos para almas ajenas, en rehabilitaciones emocionales de casi desconocidos y en relaciones de paso que no dejen margen para la construcción de algo en lo que verte involucrada o enjaulada de por vida.
El pánico te aguarda en el triunfo, en los semáforos en verde que te obligan a avanzar por calles inseguras y a pasearte por terrenos de arenas movedizas. Te paraliza el miedo a que te den un 'sí', a ser aceptada, seleccionada y amada por tiempo indefinido. Te invade la ansiedad ante una escena de salón con película de vídeo en que la cercanía sea usada como una manta compartida en el sofá, y te asusta el hecho de pensar en cualquier cosa que suponga la pérdida de tu control y te haga desnudarte en cuerpo y mente.
Por eso te haces abogada de causas pobres y dibujas en las paredes amores improbables con hombres que nunca se comprometerán por más que lo deseen. Con ellos apuestas sobre seguro al caballo perdedor, sin correr el riesgo de encontrarte aterrada y vulnerable ante una verdadera relación. 

sábado, 21 de marzo de 2015

Intenciones

Hoy me he propuesto hacerte la vida posible. Besos y flores serán mis aliados.

jueves, 5 de marzo de 2015

Versión poética (pido disculpas anticipadas)

" Cierro los ojos y el mundo muere;
 Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
(...)
Imaginé que volverías como dijiste,
 Pero crecí y olvidé tu nombre.
(...) "
Sylvia Plath- ' Canción de amor de la joven loca'

Cierro los ojos y atesoro dentro de mí todo el universo, mi mundo. Cuando muera, llevaré conmigo a la gente, el aroma de las lilas, la maldita lluvia y los atascos de esta ruidosa ciudad.
Aprieto mis párpados y así te encierro para siempre; no dejaré que te borres, permanecerás atado entre mis sueños y fantasías inconscientes.
La realidad termina en el lunar de mis labios, tras los poros de mi piel, la última frontera, mi gran muralla orgánica.
El fluir de las mareas me retiene, también el furor de vientos huracanados. Impresiones subjetivas, sabores ajenos, sensaciones que perduran. Cuando muera, me llevaré el sabor de aquella fruta madura, el recuerdo del agua sobre mi piel, el olor de la sangre, el dolor de las heridas y los restos de esas batallas entre tu lengua y la mía.
Cuando ese último aliento se pierda en el ambiente, nada quedará de todos mis sentimientos: nada de mí. Todo, todo esto arrastraré ,como un valioso equipaje, para el tiempo de silencios.
Se perderá mi 'yo', se sumirá mi conciencia en un sueño de sombras. Y tendréis que perdonarme, pues seré entonces egoísta. Cerraré mis labios y mis poros, descansarán mis párpados, y retendré aquello que fui y amé, custodiado tras la llave de mi cuerpo.
Y dejaré que mueras conmigo, que me sirvas de consuelo. Mataré mi universo, mi mundo, mi antigua realidad. Y todo, todo me lo llevaré muy lejos.
Tan sólo quedarán retazos de lo que fui, vagos escritos, esbozos y divagaciones. Palabras torpes que intentarán reflejar lo que ahora siento.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Voy a hacerme un hueco en mi vida, antes de que se llene del todo.



viernes, 24 de octubre de 2014

Sin título

He sobornado a todos los espejos de mi casa; ahora me miran con buenos ojos.


domingo, 14 de septiembre de 2014

Ideales

Según Adler, anhelamos equivocadamente los objetos por los que luchamos, todo lo que nos ponemos como meta. Nos atrae ese deseo y la fantasía del triunfo, pero una vez conseguido, vemos que es más insípido de lo que esperábamos. Y es que nada, o casi nada, es como imaginábamos que iba a ser. No lo fue siquiera el primer beso, ni tampoco la emoción de nuestra independencia. Luchamos por ser como desearíamos ser, y cuando lo conseguimos, nos miramos decepcionados y perplejos. 
Pasaste por el marxismo, por un leve coqueteo con la filosofía kantiana, por el budismo zen, y hasta jugaste un tiempo a ser vegetariana y entregada ecologista. Espejismos; al final, nada se parece a la imagen que guardas en tu mente, a ese ideal que esperabas encontrar. Las cuentas no cuadran en tu cabeza y parece que no logras comprender nada de lo que sucede. Lo que la realidad te muestra no se corresponde con tus principios. En teoría, todo es perfecto, sí, pero en la realidad, el castillo de arena se desmorona y te quedas sintiendo un vacío en tu interior. Adler te cuenta que eso es el complejo de inferioridad tratando de ser compensado como sea; tú niegas con la cabeza, miras hacia otro lado y continúas con tu interminable búsqueda.
A tu lado, el bueno de Alfred te observa; dice que tu plan de vida está totalmente equivocado, pero deja que sigas con él. Está tranquilo, él ya te advirtió de las opciones, que son dos: cambiar de rumbo o de ideales. 
Ahora, tan sólo tienes que elegir. 

domingo, 25 de mayo de 2014

Vivir, jugar


' El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación.¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? '
Milan Kundera, ' La insoportable levedad del ser'



Tu mundo ideal sería aquél en el que hubiera reglas absolutas que sirvieran de modo universal, un sólo juego al que poder jugar, la senda bien trazada, ya sabes, el lujo de no tener que andar a cuestas con la indeterminación. Rumias hacia adentro que este es un lugar dudoso, lleno de trampas para animales frágiles,  poblado de ojos desconfiados y manos indecisas. Miles de condicionales, posibilidades que se multiplican en cada esquina, y pocos referentes válidos; y es que todo sería más sencillo si la vida fuera bicolor, un blanco y negro sin matices ni notas a pie de página, con normas que delimitaran cada movimiento, una sola meta, una única casilla por la que apostar. Te sientes estafada; todos los decálogos y listas de pecados capitales se han quedado obsoletos y se presentan ahora llenos de salvedades. Descubres que todo es relativo; tú, a quien habían coloreado un mundo en blanco y negro, de ángeles o demonios, sólo el bien y el mal, te golpeas la frente con situaciones especiales en las que se te permiten blasfemias y cuentos de terror; no entiendes los grises, se te hacen densos como bancos de niebla y te sientes fatal. Culpable de no sentirte culpable, como una niña que descubre que robar un chicle no ha hecho que ardiera en el infierno, pero que sueña cada noche con ello, con llamas y cuerpos ensartados en tridentes.
Te sientes mal por no sentir remordimientos; qué extraña forma de juego...

© Cristina R. G.

martes, 20 de mayo de 2014

Termitas

Cuando se presenta una tragedia, no hay nada que impida que nos hagamos trizas, carcomidos como esos techos antiguos de madera repletos de diminutos agujeros, fruto de una invasión de termitas. Ese pequeño ejército trabaja sin hacer ruido hasta que un día fallan nuestros cimientos y los tobillos se quiebran, tambaleándonos hasta caer al suelo, y lo único que somos capaces de hacer es llorar sobre la almohada. La mejor manera que tenemos de huir es olvidándonos de nuestra pérdida buscando como bálsamo el placer. Nos refugiamos en todas las manos y en todos los cuerpos hasta que la risa, el alcohol, las drogas o los aplausos se vuelven ineficaces como analgésicos para el dolor del alma. 
Agotados, descubrimos que no existe escondite que burle nuestras lágrimas y con suerte tal vez lleguemos a entender que tan sólo el dolor mitiga el dolor; que es sólo cuando se cauteriza la herida cuando esta se desinfecta por completo. Que las termitas son difíciles de erradicar y que lo mejor es aceptar su presencia y acostumbrarnos a esos agujeros que nos van dejando dentro.

© Cristina R. G.


* Texto que aparece en una de mis libretas y que hoy me resulta extraño, ajeno a mí. No sé exactamente de qué año es, pero lo que sí puedo afirmar es que mi concepto de 'tragedia' estaba muy errado entonces.

domingo, 18 de mayo de 2014

Confieso que...


'Un resplandor desnudo, 
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte, 
pero logré evadirme
de su letal influjo
para seguir volando, 
desesperadamente'
Oliverio Girondo  ( Vuelo sin orillas, de 'Persuasión de los días' )

Hay cosas que hago sin pensar, como cambiar mi trayectoria cada cierto tiempo, aunque origen y destino sean siempre los mismos. Revoloteo como una polilla, experimento, confundo la dirección y me peleo con los mapas que se resisten a ser plegados. Errática, tengo a menudo la sensación de estar olvidando algo importante en el borde de todos los caminos; animal que tiende a desviarse, que no sabe migrar de norte a sur y viceversa, delfín varado en aguas poco profundas, hipnotizado por los colores que me ofrecen las costas que se presentan ante mí. Creyente fervorosa de aquello que me fascina, de las intuiciones y predicciones del horóscopo que me cuenta que el azar está jugando a mi favor; devota de santos pecadores y de ángeles caídos, fabrico amuletos con alientos y caricias de aquellos que me quieren. Desafío lo convencional, convencida de la fuerza de un karma que devolverá a mi carne todo aquello que ofrezco, multiplicado por mil. Siempre mirando más allá de lo que dicta el contrato como inquilina de mi cuerpo, suelo pintar el horizonte a mi antojo. Tal vez acierten esos libros de instrucciones vitales y sea más que probable que me golpee contra la superficie incandescente una y otra vez; y puede que me ciegue un rayo luminoso que yo atribuyo al sol y no es más que una pálida bombilla vista muy de cerca. Habrá quien piense que actúo de manera suicida y que mi perspectiva está siempre equivocada, pero tendré que descubrirlo de forma autodidacta, experimentando lo que supone un choque frontal contra la caliente transparencia del vidrio. Me rebelo contra cualquier manual de normas dictadas por un narrador que no conozco y reivindico la necesidad sagrada  de encontrar un camino propio y no resignarme a seguir la fila de las hormigas obreras.
Defiendo mi libertad de ser polilla, de tentar a la suerte contra cualquier cristal y de mantener el vuelo alrededor de mi particular bombilla.

© Cristina R.  G.

sábado, 10 de mayo de 2014

Permeabilidad

"Paul Ehrlich, premio Nobel de Medicina, descubrió que si se inyecta un colorante azul en el torrente sanguíneo de un animal, todos los tejidos, a excepción del cerebro y de la médula, quedan teñidos de ese color. Demostró así que existe una barrera entre la sangre y el cerebro llamada barrera hematoencefálica. Algunos elementos, como el oxígeno o la glucosa, son capaces de atravesarla, mientras que otros, considerados potencialmente nocivos, no lo hacen. Es una barrera selectivamente permeable"
( Viejos apuntes de Fisiología de la Conducta )


Nos mezclamos y nos acercamos unos a otros; hay quienes incluso se empeñan en introducirse en las vidas ajenas por la fuerza, intentando infiltrarse e inyectarse en la sangre, creyendo que esa es la conexión más cercana que existe. Desconocen el camino que ha de recorrerse hasta llegar a la intimidad, ese pase que da acceso libre a la esencia del otro. Incapaces de llegar al alma, se estancan en lo biológico, en la percepción y sensación pasajeras, en la carne. Acceden por los ojos, cuelan sus palabras en nuestros oídos y tratan de transmitir con sus manos un calor impostado. Así se comunican dos cuerpos, dos sacos de reacciones metabólicas con almas separadas y envasadas al vacío. La extrañeza y la incomprensión multiplicadas cada día, hacen que uno se sienta extraño, que especule a propósito de su cordura, de la sutil diferencia entre la locura y la excentricidad, y sobre la punzante soledad de aquellos que están permanentemente rodeados de íntimos desconocidos.
Pero a veces ocurre un pequeño milagro y recuperas la fe y la sonrisa. Alguien, normalmente aquél menos pensado, hace que esa barrera se abra un poco, y rasca el desconchón de la pared, interesado en saber de qué color era el papel pintado que había antes. Habla en tu misma clave, en un discurso compartido que hasta entonces creías sólo tuyo; los referentes coinciden y se abren al tiempo abanicos multicolores, mundos alternativos que el otro te brinda. Amplía tu campo de visión y tu vida se enriquece, formando pequeñas burbujas, rincones tan íntimos que hacen que las censuras se esfumen y que todo fluya libremente en un intercambio sincero, llegando a crearse rutinas que, de tan accesorias, se vuelven imprescindibles para esa pequeña felicidad diaria. Y nos volvemos porosos, abandonando nuestra impermeabilidad hermética, y ofrecemos a manos llenas lo que somos, y paladeamos aquello que nos regalan. Permitimos que actúe la sinergia, que las cosas se sucedan y que la intimidad de los pequeños detalles se adueñe de nosotros. 
De algún modo, sucede entonces que los que fueron universos paralelos se funden en uno solo.

viernes, 2 de mayo de 2014

Moon River


Cerrar los ojos y volar, la banda sonora de estas últimas semanas, mis semanas. Una cantinela me dice que pare, me muestra señales se stop por todas partes. Aparecen pasos a nivel con barreras que me alertan del peligro que corro; yo, ni caso. Planeo como una niña soluciones intermedias y diseño una ruta que bordee el infierno y me permita acercarme al ardor de las llamas para sentir su calor sin llegar a abrasarme. Mi cuerpo se rebela y mi conciencia está en números rojos, consternada al ver cómo mis labios dibujan besos en el aire. 
Y vuelvo a cerrar los ojos, y me prometo recuperar mi gobierno en un plazo muy breve, pero me concedo la licencia de disfrutar un poco más, de ser conscientemente  inconsciente.
Y es que somos así de inconformistas; tal vez esté en nuestra naturaleza, en los sueños, en la educación sentimental que nos forjan las lecturas. A saber. Podríamos estar en el Everest y aún así fantasear con una montaña desconocida que le robase unos cientos de metros.

jueves, 1 de mayo de 2014

Regalos

Me doy cuenta de que con el tiempo me estoy aficionando a las palabras pequeñas, a esas que están llenas de provisionalidades, sujetas por andamios, débiles y transitorias. Consciente de que se pueden derrumbar con un soplido, las guardo como si fueran de cristal en el cielo de mi boca. Atesoro tres que me han ido regalando: 
'Risa', que estalla en mi interior descontrolando mi compostura y las pautas que marca el encorsetamiento.
'Beso', pronunciada de tal modo que sus letras  se fugan como un susurro hasta colarse debajo de mi ropa para dejarme la piel de gallina.
'Fe', que con caligrafía infantil y escrita a lápiz, se esconde tímida y delicada en mi garganta; la más minúscula de todas, la más frágil y asustadiza, pero también la más independiente. La que salta hasta la punta de mi lengua cuando menos me lo espero y la que siempre me acaba convenciendo con sus juegos en la comisura de mis labios. 
Siento que son los mejores regalos que me ha dado la vida, tres palabras. Nada más y nada menos...

domingo, 9 de marzo de 2014

Querer

Hay personas a las que no puedo evitar querer. Por más que me compliquen la vida y por difícil que se me haga a veces, siempre formarán parte de mí. Y si sus piernas fallan, les prestaré las mías, igual que al esfumarse mis ganas llegaron otros que me las regalaron. Porque cuando olvide quién soy, alguien aparecerá para explicarme cómo volver a casa. No puedo elegir por quién me preocupo, tan sólo fiarme de esos ojos que piden abrazos y de esas manos que ofrecen caricias. Me dejo llevar sin importarme si la corriente es marea; fluyo. Quién sabe y quién desea saber si elegimos bien a aquellos por quienes nos preocupamos, esos que se nos cuelan tan adentro hasta perderse en nuestro cuerpo. Arriesgo como hacen todos los inconscientes, lanzando propuestas y permitiendo que quien así lo desee acepte el juego y traspase la puerta, mientras el resto de mundo pasa de largo sin vernos. Y no puedo evitarlo; sé que por mucho que me esfuerce siempre habrá espaldas mojadas y unos cuantos polizones que contra toda lógica terminarán burlando mis defensas.

jueves, 1 de agosto de 2013

Sueño

Anclado al suelo, con los pies embarrados y los hombros cubiertos por el polvo que destilan la mediocridad adulta y la pesadez de ese trabajo sombrío. Cuantos más segundos consumes, más te parece que has derrochado tu vida entera, que sólo breves instantes han merecido la pena. Todo lo demás fueron absurdos pasatiempos, juegos de manos para aliviar tu ansiedad ante el vacío.
La cabeza se eleva mientras tanto, perdiéndose entre nubes e ilusiones cortadas a medida, haciéndote pensar que la mejor parte de tu vida es precisamente aquella que no vives, la que sueñas o te inventas en cada amanecer, en ese estado adormecido en el que quieres que tu reloj retroceda hasta el instante en que confuso, al despertar, creías ser aquel con quien soñabas; alguien libre, con el poder de los parias, privilegiados que ya jamás podrán perder pues no poseen nada.
Un punto de fuga allá al fondo, en los andenes y puertas de embarque,  en el aire atrapado entre tu boca y mi cuerpo, te sirve de salvavidas. Tal vez aún estés a tiempo de que todo vaya mal y se colapse la estructura de tu vida. Dejarías entonces de atesorar estrellas fugaces y te abandonarías con absoluta rendición a los placeres que ahora dosificas. 
En definitiva, empezarías a vivir.

(Resumen de un sueño que tuve anoche, en el que hablaba con un hombre que creía que no estaba vivo, al menos no del todo)

viernes, 5 de julio de 2013

Correctos

Caminamos por ahí sin llegar a conocernos, nos cruzamos y en realidad ni siquiera nos vemos. Las palabras salen  de forma automática desde ese almacén que tenemos debajo de la lengua, sólo para salir del paso, sin tener que hablar de lo que de verdad importa.
 Algo no funciona bien  cuando lo adecuado y lo realmente necesario entran en conflicto, cuando sentimos la necesidad de agradecer aquello que debería ser un gesto natural. Tendrían que estar prohibidas las restricciones de abrazos, la dosificación del cariño, el disimulo de la tristeza y las corazas. Nos tragamos los deseos creyendo que así podremos amortiguarlos, sin pararnos a pensar qué carajo va mal cuando en esta guerra fría, que no tolera la debilidad, el dolor ni los errores,  nos resulta más sencillo aparecer desnudos ante cualquier desconocido que abrazar a nuestra madre, cuando correr parece más eficaz que luchar y cuando la excusa para no intentar ayudar a otro es que uno no está seguro de poder lograrlo. Por lo visto, los sentimientos son material prescindible, restos de animalidad mal controlada que no ayudan a sobrevivir. 
Cada vez más gélidos y alejados de todo, física y emocionalmente, desterramos las opciones primarias que impliquen dependencia, pasos al frente o gritos de socorro. Corremos a diario el peligro de hacernos un poco más mezquinos, de perdernos en la burocracia de lo políticamente correcto y de olvidar a las personas que siempre están ahí. 
Me pregunto qué sucedería si derribásemos los muros de contención, qué ocurriría si fuéramos por la vida con el corazón en la mano, regalando latidos.
 A saber...

martes, 2 de julio de 2013

Preludio


Las ramas se mueven acunadas por un viento cálido y perezoso, mientras el ambiente pesa más de lo habitual. A lo lejos se oyen los pasos de alguien que está a punto de llegar, sordos, amortiguados. Callaron los pájaros y el susurro de los árboles se esconde bajo tu piel quemada, transmitiendo un asfixiante mensaje que se clava en tu nuca, deslizándose por tu espina dorsal hasta convertirse en un escalofrío que acelera tu respiración.
Se adormecen los sentidos, narcotizados por la tensa atmósfera que se ha instalado en la casa, en tu cuerpo, en tu mente. No hay aliento y te dejas acunar por un mudo compás, esperando en esta tarde que todavía sigue viva, toda expectación. 
Oscurece y vencerán por fin las nubes. Quieres que ocurra , sentir el estallido de una vez. Vuelves a escuchar el rumor menos lejano, ahora continuo, acechando, imponiendo sus reglas, entrando por la puerta y arrastrándote con él. Así comienza, de manera rotunda y decidida, instalándose a tu lado. Primero pausado y sigiloso, desmedido y violento después, sin reparos. 


No puedes luchar contra la naturaleza, así que caes sobre la cama y disfrutas del placer de los relámpagos que escupen las tormentas de verano.

miércoles, 19 de junio de 2013

Lo imprescindible

Deseos, apetitos, impulsos, necesidades... creemos que todo lo hemos podido solventar con nuestra mente, que el ser humano tiene ese poder, habiendo triunfado por encima de sus instintos primarios, los más bestias. Es una pena que ese mismo ser haya sustituido esos objetos por otros más elaborados y artificiales. Y es que tras la satisfacción de los primitivos instintos, llegan otros, accesorios, menos inmediatos y de una naturaleza más racional. Nacen así las exigencias superiores, propiamente humanas.
Alguien debió creer en algún momento que la pirámide de necesidades debería de seguir aumentando para que nuestro anhelo e insatisfacción no terminasen nunca. Tal vez así nació el consumismo, dibujando nuevos objetos de deseo que una vez diseñados y bien empaquetados se nos presentan como imprescindibles, haciéndonos esclavos de nuestros propios deseos, de nuestras posesiones. Hemos creado nuevas dependencias.
Y no, no estoy hablando de drogas (que también); hablo de relaciones interpersonales, del teléfono, de la dificultad de aguantar sin un café por las mañanas, de las pastillas para dormir, y también de por qué es tan imprescindible la cámara digital, del ¿cómo no conoces aún ese restaurante palestino? o el ¿cómo que no vas a asistir a esta fiesta? ¿Y el último juego de la Play Station?.
Difícil escapar de esta vorágine, cada cual se esclaviza de lo que mejor le parece, sea algo material como una moto o tan intangible como una emoción.
Hacemos lo que se nos permite con aquello que nos encontramos, con lo que nos venden y hasta con lo que nos arrebatan. 
Y en parte pienso que somos lo que consumimos, ya sean libros, música, relaciones, helado, cursos de japonés, caricias, colecciones de besos, películas en VO, decepciones o litros de ginebra. 
Visto así, el consumismo quizá sea una nueva manera de reformular nuestro autoconcepto. Vale, lo admito, soy lo que consumo, aunque tal vez no sólo eso, ¿o sí?.