miércoles, 1 de abril de 2015

Parásitos mentales

Atesoras a los pies de la cama una caja llena de corazas, de escudos y mentiras protectoras que te vinieron bien en otro tiempo; ahora te das cuenta de que no sirven para nada, de que los peores ataques se llevan a cabo desde dentro. Agresiones que salen de tu inseguridad, de los millones de excusas para no intentarlo, de esos autoengaños que te nublan la vista y de esa vocecilla que te susurra que no sirves para nada largo o duradero, tan sólo para aplazar aquello que pide a gritos que pongas en orden. 
Te haces la fuerte, la lista, incluso la insolente; todo lo que no eres pero que desearías llegar a ser. Son papeles que no llegas a creerte por más que los interiorices mediante hipnosis regresivas o por método Stanislavski. Interpretaciones magistrales, mentiras, charadas, cuentos. Sólo eso. 
Si cierras los ojos todavía tienes siete años, figuras como la lista y la guapa de la clase, la niña rodeada de amigos que la admiran, la líder que despierta envidia y atracción; la muñeca que se fue rompiendo a sí misma con el paso de los años, aplastada por el peso de miradas asombradas. Una cría con ganas de agradar aún a costa de perder su identidad. Odiosa, abnegada, inconformista, niña que hoy ves en viejas fotografías y a la que te entran ganas de zarandear para que espabile de una puta vez; ganas de decirle que la vida está pasando por su lado mientras ella no hace más que desaprovecharla, preocupada sólo por lo que los demás estén pensando. 
Te condenas al fracaso porque es allí donde te sientes segura, en ese mar en calma que no lleva a ningún lado. Apuestas por los perdedores, por seres incompletos, dañados e inmaduros; personas que te hagan sentir como una Teresa de Calcuta capaz de curar sus llagas. Deseas ayudar para no tener que ocuparte de ti misma, inviertes tu tiempo en cuidados paliativos para almas ajenas, en rehabilitaciones emocionales de casi desconocidos y en relaciones de paso que no dejen margen para la construcción de algo en lo que verte involucrada o enjaulada de por vida.
El pánico te aguarda en el triunfo, en los semáforos en verde que te obligan a avanzar por calles inseguras y a pasearte por terrenos de arenas movedizas. Te paraliza el miedo a que te den un 'sí', a ser aceptada, seleccionada y amada por tiempo indefinido. Te invade la ansiedad ante una escena de salón con película de vídeo en que la cercanía sea usada como una manta compartida en el sofá, y te asusta el hecho de pensar en cualquier cosa que suponga la pérdida de tu control y te haga desnudarte en cuerpo y mente.
Por eso te haces abogada de causas pobres y dibujas en las paredes amores improbables con hombres que nunca se comprometerán por más que lo deseen. Con ellos apuestas sobre seguro al caballo perdedor, sin correr el riesgo de encontrarte aterrada y vulnerable ante una verdadera relación. 

sábado, 21 de marzo de 2015

Intenciones

Hoy me he propuesto hacerte la vida posible. Besos y flores serán mis aliados.

jueves, 19 de marzo de 2015

Amanecer

Madrugar es mi manera de alargar el día para poder pensarte durante más horas...
Fotografía de Fermín Tamames.

jueves, 5 de marzo de 2015

Versión poética (pido disculpas anticipadas)

" Cierro los ojos y el mundo muere;
 Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
(...)
Imaginé que volverías como dijiste,
 Pero crecí y olvidé tu nombre.
(...) "
Sylvia Plath- ' Canción de amor de la joven loca'

Cierro los ojos y atesoro dentro de mí todo el universo, mi mundo. Cuando muera, llevaré conmigo a la gente, el aroma de las lilas, la maldita lluvia y los atascos de esta ruidosa ciudad.
Aprieto mis párpados y así te encierro para siempre; no dejaré que te borres, permanecerás atado entre mis sueños y fantasías inconscientes.
La realidad termina en el lunar de mis labios, tras los poros de mi piel, la última frontera, mi gran muralla orgánica.
El fluir de las mareas me retiene, también el furor de vientos huracanados. Impresiones subjetivas, sabores ajenos, sensaciones que perduran. Cuando muera, me llevaré el sabor de aquella fruta madura, el recuerdo del agua sobre mi piel, el olor de la sangre, el dolor de las heridas y los restos de esas batallas entre tu lengua y la mía.
Cuando ese último aliento se pierda en el ambiente, nada quedará de todos mis sentimientos: nada de mí. Todo, todo esto arrastraré ,como un valioso equipaje, para el tiempo de silencios.
Se perderá mi 'yo', se sumirá mi conciencia en un sueño de sombras. Y tendréis que perdonarme, pues seré entonces egoísta. Cerraré mis labios y mis poros, descansarán mis párpados, y retendré aquello que fui y amé, custodiado tras la llave de mi cuerpo.
Y dejaré que mueras conmigo, que me sirvas de consuelo. Mataré mi universo, mi mundo, mi antigua realidad. Y todo, todo me lo llevaré muy lejos.
Tan sólo quedarán retazos de lo que fui, vagos escritos, esbozos y divagaciones. Palabras torpes que intentarán reflejar lo que ahora siento.